
El Colegio Oficial de Arquitectos de Castilla-La Mancha participa, a través de su tesorero, Pablo León Irujo, en un taller del proyecto «Primum Non Nocere», impulsado por el CSCAE, que invita al vecindario a reflexionar sobre cómo los espacios que habitamos influyen en la calidad de vida.
El Recuenco (Guadalajara). 23 de octubre de 2026. ¿Cómo influyen las calles, las plazas, los edificios y los espacios naturales en nuestra salud y bienestar? ¿Qué hace que nos sintamos a gusto en un lugar? ¿Qué podríamos mejorar para vivir mejor? Son algunas de las cuestiones que el proyecto «Primum Non Nocere», impulsado por el Observatorio 2030 del Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España (CSCAE), ha llevado hasta El Recuenco, un pequeño municipio de Guadalajara, ya en el límite provincial con Cuenca, en una experiencia participativa celebrada el pasado sábado, 17 de octubre, con la colaboración de sus vecinos y vecinas.
La iniciativa, desarrollada con el apoyo del Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana, busca acercar a la ciudadanía la importancia de la arquitectura y el urbanismo para la salud física, mental y social. Su planteamiento parte de una idea sencilla, pero profunda. Del mismo modo que reconocemos la influencia de la medicina, la alimentación o el ejercicio físico sobre nuestra salud, también debemos comprender cómo los espacios en los que vivimos, trabajamos y nos relacionamos condicionan nuestro bienestar.
El proyecto contempla diferentes escalas territoriales, desde las grandes ciudades hasta los pequeños núcleos rurales, y apuesta por la participación de personas de distintas edades y perfiles. El Recuenco ha permitido trasladar esa reflexión al medio rural, donde el contacto con la naturaleza, la accesibilidad, los espacios de convivencia y el arraigo al territorio adquieren una dimensión especialmente significativa.
El Colegio Oficial de Arquitectos de Castilla-La Mancha (COACM) participó en la jornada a través de su tesorero, Pablo León Irujo, que intervino en la apertura institucional junto al alcalde de El Recuenco, Enrique Collada Sánchez, y la directora del Observatorio 2030 del CSCAE, Mari Ángel López Amado. Previamente, los asistentes pudieron ver en el salón de plenos del Ayuntamiento un breve audiovisual sobre la relación entre arquitectura y salud.
Durante su intervención, León Irujo defendió una concepción de la arquitectura que trasciende la seguridad, la utilidad y la calidad constructiva para situar el bienestar de las personas en el centro de las decisiones arquitectónicas. «Lo bello en la arquitectura no es lo bonito, es mucho más que eso», afirmó, antes de explicar que el verdadero propósito de la profesión consiste en «hacer bello el aire y la luz que los envuelve, de crear los mejores espacios de nuestros sueños para la felicidad de las personas». Desde esa perspectiva, reivindicó la importancia de proyectar espacios que respondan a criterios de armonía, salubridad, eficiencia energética, sostenibilidad y respeto al patrimonio histórico y al paisaje.
León Irujo vinculó esta visión con el compromiso del COACM en ámbitos como la rehabilitación, la arquitectura bioclimática y la accesibilidad. Recordó el trabajo de las oficinas de rehabilitación del Colegio, desarrolladas en colaboración con la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, así como su participación en el impulso de las Agendas Urbanas, sus convenios con la ONCE y la Asociación Sostenibilidad y Arquitectura (ASA), y su colaboración en la redacción de la nueva Ley de Accesibilidad Universal de Castilla-La Mancha.
Por su parte, el alcalde de El Recuenco, Enrique Collada Sánchez, hizo referencia a las últimas actuaciones impulsadas en el municipio, entre ellas la recuperación del edificio del antiguo cuartel de la Guardia Civil y la participación municipal en la elaboración de la Agenda Urbana de la mancomunidad a la que pertenece. Collada destacó que este tipo de talleres “nos recuerdan lo importante que es tener espacios de interlocución de las administraciones con la ciudadanía, que tengan algún tipo de facilitación y, en concreto, cómo de importante es el entorno en el que nos movemos y cómo también se puede generar comunidad a través del urbanismo y a través del co-diseño de nuestros espacios públicos de una forma colaborativa”.
La directora del Observatorio 2030 del CSCAE, Mari Ángel López Amado, subrayó asimismo la importancia de prestar atención a la calidad del espacio urbano en los pequeños municipios, donde la relación cotidiana con el entorno natural constituye un elemento especialmente valioso para la salud y el bienestar. En su valoración de la experiencia señaló que “El taller de El Recuenco ha convertido la escucha y la convivencia en compromiso. Vecinos y vecinas de distintas generaciones han compartido recuerdos, necesidades y anhelos, reforzando su identidad colectiva y construyendo consensos que se convertirán en acciones reales de transformación de sus espacios públicos. Una experiencia que demuestra que la salud se construye entre todas las personas y es un derecho que comienza en nuestro entorno”.
Los espacios donde vivimos también guardan nuestros recuerdos
Tras las intervenciones institucionales, los participantes se trasladaron a la Plaza de Nuestra Señora de la Bienvenida, donde se desarrolló el taller práctico, dirigido por la educadora Pilar Morcillo Sánchez y dinamizado por un equipo de arquitectos integrado por Elisa Pozo Menéndez, Anneta Santacreu Felis, Melissa Laborde Quiroz, Enrique Ramírez Sánchez y Sergio García-Gasco Lominchar, junto a la propia directora del Observatorio, Mari Ángel López Amado.
La experiencia convirtió los recuerdos y las vivencias personales de los habitantes en el punto de partida para reflexionar sobre su entorno. Como explicó la arquitecta especializada en envejecimiento activo Elisa Pozo Menéndez, “El taller celebrado en El Recuenco ha supuesto una primera experiencia de aplicación de los materiales didácticos desarrollados en el marco del proyecto Primum Non Nocere. A través de distintas dinámicas participativas, hemos recuperado y compartido experiencias, recuerdos y conocimientos sobre el municipio, su territorio y sus paisajes, dando protagonismo a las voces de sus vecinos y vecinas. Asimismo, los materiales han facilitado la reflexión colectiva y el intercambio de ideas y propuestas para mejorar el entorno construido y contribuir, de este modo, a la salud y el bienestar de quienes lo habitan”.
La educadora social y maestra Pilar Morcillo Sánchez incidió en el valor de esa participación compartida. “El Recuenco late con fuerza hacia un futuro más saludable. El Taller Primum Non Nocere demostró que, uniendo arquitectura, salud y bienestar, el vecindario y sus representantes institucionales acompañados del equipo del Observatorio 2030 del CSCAE, aportaron dinámicamente propuestas constructivas, demostrando con respeto, humanidad y solidaridad intergeneracional que la población construye su entorno”.
Una de las dinámicas invitó a cada participante a elegir un lugar de El Recuenco especialmente significativo y explicar los motivos de su elección. Surgieron así espacios vinculados a la memoria y a las vivencias personales, como una ermita donde se había celebrado una boda, la vega del pueblo asociada a los recuerdos de juventud o la misma plaza, escenario de fiestas y encuentros vecinales. La arquitecta ilustradora Anneta Santacreu, que participó como dinamizadora, señaló que la iniciativa “se convirtió en un ejercicio de madurez vecinal donde facilitadoras y vecinas (incluido el alcalde) reflexionamos juntas sobre qué es El Recuenco para nosotras, donde reside su verdadero valor (vinculando sus espacios con experiencias y emociones vividas), para proponer desde éste hacia dónde nos gustaría caminar”.
El ejercicio permitió poner de manifiesto que la relación entre las personas y los lugares que habitan va mucho más allá de su configuración física. Los espacios también conservan recuerdos, favorecen las relaciones sociales y contribuyen a construir la identidad colectiva de una comunidad. Esta dimensión emocional conecta directamente con la reflexión planteada por Pablo León Irujo sobre el sentido de la belleza arquitectónica, que no reside exclusivamente en los materiales, las proporciones o la apariencia de los espacios, sino también en su capacidad para generar bienestar y formar parte de la historia de quienes los utilizan.
De los recuerdos a las propuestas para mejorar el pueblo
El taller combinó ejercicios de memoria, actividades colectivas y dinámicas de participación. Entre ellas figuró la construcción conjunta de un puzle sobre una ciudad o pueblo ideal, que sirvió para introducir la reflexión sobre los elementos que hacen más habitables los espacios. La participación se organizó en un único grupo, favoreciendo una conversación directa entre habitantes, profesionales y representantes municipales.
Después de identificar sus lugares favoritos, los asistentes pudieron expresar qué aspectos de El Recuenco les gustaría mejorar. Surgieron así cuestiones cotidianas relacionadas con el mantenimiento del espacio público, como la ausencia de algunos árboles en la plaza, y se sugirieron mejoras puntuales en algunos edificios públicos del pueblo, como el Ayuntamiento y la iglesia.
Estas aportaciones ilustraron uno de los principios del proyecto. La calidad de los entornos habitados no depende exclusivamente de grandes actuaciones arquitectónicas o urbanísticas. También está relacionada con intervenciones de pequeña escala que pueden mejorar el confort, la accesibilidad, la convivencia y el uso cotidiano de los espacios públicos. La experiencia permitió, además, reflexionar sobre la responsabilidad compartida en el cuidado de los pueblos, cuya conservación requiere tanto la implicación de las administraciones como el compromiso cotidiano de sus habitantes.
Una arquitectura que prioriza a las personas
«Primum Non Nocere», expresión latina que significa «lo primero, no hacer daño», toma como referencia un principio asociado tradicionalmente a la medicina para trasladarlo al ejercicio de la arquitectura, tal como expresó en la presentación del taller Mari Ángel López Amado, directora del Observatorio 2030 del CSCAE. Su propósito es promover una mayor conciencia sobre las consecuencias que las decisiones arquitectónicas y urbanísticas tienen en la salud y el bienestar de la población.
La iniciativa forma parte del trabajo del Observatorio 2030 del CSCAE para acercar los valores de la arquitectura a la ciudadanía y fomentar una mirada crítica sobre los espacios que habitamos. Su desarrollo, que incluirá un segundo taller experimental el próximo 3 de noviembre con alumnado del Instituto de Educación Secundaria Zurbarán, en Badajoz, contempla la elaboración de una unidad didáctica para sensibilizar sobre la relación entre arquitectura y salud, así como experiencias prácticas en diferentes contextos sociales y territoriales.
La jornada de El Recuenco permitió trasladar estos planteamientos a la escala de un pequeño municipio, donde la cercanía entre la población y la relación cotidiana con el paisaje ofrecen una perspectiva particular sobre el bienestar y la calidad de vida. En su intervención, Pablo León Irujo insistió en la necesidad de que la sociedad tome conciencia de la importancia de la arquitectura y reclame espacios que contribuyan realmente a mejorar la vida de las personas.
Una reflexión que encontró en El Recuenco un escenario especialmente apropiado, al convertir los recuerdos, las experiencias y las propuestas de sus vecinos en una conversación sobre el futuro del pueblo. Porque, como puso de manifiesto el taller, la arquitectura no comienza únicamente en los planos o en los edificios, sino en las personas que los habitan y en su aspiración a vivir mejor.

