
Nota de prensa 242 17-07-26
La Casa Embarcadero, en Peñalagos (Pareja, Guadalajara), demuestra que la buena arquitectura no nace por casualidad. Detrás de cada decisión, desde la elección de los materiales hasta un gran voladizo de diez metros o la orientación de una terraza, hay una idea, un reto técnico y una forma de entender el paisaje.
Pareja – Guadalajara. 17 de julio de 2026. Hay lugares tan hermosos que cualquier intervención parece una osadía. Esa fue precisamente la sensación que tuvo el arquitecto Ignacio Borrego Gómez-Pallete cuando visitó por primera vez la parcela donde después se levantaría la Casa Embarcadero, una vivienda situada junto al embalse de Entrepeñas que ha sido reconocida con el Premio de Arquitectura en la categoría de Obra Nueva Vivienda en los III Premios de Arquitectura y Urbanismo de Castilla-La Mancha, organizados por el Colegio Oficial de Arquitectos de Castilla-La Mancha (COACM).
El jurado resumió la esencia del proyecto con una definición tan poética como precisa -síntesis perfecta de lo que es la arquitectura- , al destacar en él "el arte de crear un artificio ingenioso que flota por el terreno del bosque sin tocarlo".
Para el COACM, estos premios no sólo reconocen la excelencia arquitectónica. También pretenden acercar la arquitectura a la sociedad y ayudar a comprender qué hay detrás de las obras que transforman el territorio y mejoran la vida de las personas. En la Casa Embarcadero, cada decisión responde a una intención. Nada es casual.
Un sueño que nació en mitad del bosque
Mucho antes de dibujar el primer plano, el proyecto comenzó con una caminata entre pinos. "Me dijeron: queremos hacer una casa aquí. Y yo lo que les pedía era que no hicieran nada, porque aquello era precioso", recuerda Ignacio Borrego.
Aquella impresión inicial marcó el rumbo del proyecto. El reto ya no consistía únicamente en construir una vivienda, sino en hacerlo sin alterar la esencia de un lugar privilegiado, entre el verde de los pinos y la lámina azul de Entrepeñas. "Lo que pretendimos fue integrar la arquitectura lo más posible con el paisaje", explica el arquitecto.
La inspiración surgió de la idea de un embarcadero de madera que descendiera hacia el agua. De esa imagen nació la gran terraza que da nombre al proyecto y que conduce la mirada hacia el embalse. El recorrido se convierte así en parte de la arquitectura. Se atraviesa el bosque, se cruza la vivienda y, casi sin darse cuenta, el visitante termina suspendido sobre las copas de los pinos contemplando el horizonte.
El propio Borrego reconoce sentirse especialmente identificado con el nombre que el periodista Francisco Campos dio a la vivienda: Casa Escondida, en un artículo reciente. "Resume perfectamente lo que buscábamos, que la arquitectura pasara desapercibida", afirma.
Ese propósito explica muchas de las decisiones del proyecto. El tono oscuro de la fachada reproduce los colores del interior del bosque y de las cortezas de los pinos. La textura del hormigón, moldeada con listones de madera, genera sombras cambiantes que ayudan a integrar el edificio en su entorno. Incluso la piscina dialoga con la roca existente en la parcela, una idea propuesta por la propiedad que terminó incorporándose al diseño por reforzar la relación entre la vivienda y el paisaje.
Cuando un desafío técnico hace posible la belleza
Si el paisaje emociona, la ingeniería hace posible que esa emoción exista. La Casa Embarcadero parece flotar sobre la ladera gracias a un espectacular voladizo de diez metros que sostiene buena parte de la vivienda y la gran terraza orientada hacia el embalse. Detrás de esa aparente sencillez hubo años de trabajo y numerosos desafíos técnicos.
"En cada paso del proyecto alguien dijo que aquello no se podía hacer", recuerda el arquitecto. Sin embargo, la confianza de los propietarios permitió mantener intacta la idea inicial. "Han confiado en momentos en los que no todo el mundo confiaría. Además, sus aportaciones hicieron que el proyecto fuera mejor", añade.
Para explicar cómo se sostiene la vivienda, Borrego recurre a una comparación al alcance de cualquiera. La casa funciona como una gran pieza estructural hueca, capaz de repartir los esfuerzos de manera que el edificio pueda avanzar sobre el terreno sin perder estabilidad. La complejidad desaparece para dejar paso a una sensación de absoluta ligereza.
Pero quizá el mejor reconocimiento para esta Casa Embarcadero, o Escondida, no llegó con el premio del COACM, sino mucho después de terminar la obra. "Durante un año recibía cada mes una fotografía de los propietarios. Me enseñaban un desayuno, el cine de verano que habían montado en la terraza, una sombra distinta, un árbol que habían respetado... Compartían conmigo el placer de estar allí", asegura Ignacio. Para Borrego, esas imágenes demuestran que la arquitectura ha cumplido su verdadera misión, mejorar la vida de quienes la habitan.
Por supuesto, el arquitecto reconoce también la importancia que tienen unos premios como los del COACM para la profesión. "Más allá de motivarnos para seguir trabajando, que también, hacen que clientes, constructores y todas las personas que rodean nuestro trabajo comprendan que tienen entre manos algo que los arquitectos consideran especial", termina.
Ese es también el objetivo del Colegio Oficial de Arquitectos de Castilla-La Mancha al impulsar estos galardones y acercar las obras premiadas al gran público, descubriendo que detrás de una casa no sólo hay planos y materiales, sino sueños, decisiones, dificultades técnicas y una manera de mirar el mundo capaz de convertir un paisaje en un lugar para vivir.
.jpeg)
.jpeg)
.jpeg)
.jpeg)
.jpeg)
.jpeg)
.jpeg)
.jpeg)
.jpeg)
(1).jpeg)
.jpeg)
.jpeg)
.jpeg)
.jpeg)
.jpeg)
.jpeg)
.jpeg)
.jpeg)
.jpeg)
Fotografías: Imagen Subliminal. Miguel de Guzmán y Rocío Romero